
Un diseñador en Valparaíso fue parte del equipo que desarrolló los 13 códigos QR del lanzamiento global de Taylor Swift. El problema técnico era uno que nadie había resuelto antes.

Un diseñador en Valparaíso fue parte del equipo que desarrolló los 13 códigos QR del lanzamiento global de Taylor Swift. El problema técnico era uno que nadie había resuelto antes.
Sebastián Muñoz no sabía para quién trabajaba cuando contestó ese llamado un viernes. Lo que sí sabía es que se estaba integrando al equipo de 1st Ave Machine NY, el estudio encargado de desarrollar la idea para un lanzamiento global. Días después vería el resultado: su trabajo impreso en gigantografías ocultas en ciudades de todo el mundo.
Valparaíso no es Nueva York. No tiene los estudios, los presupuestos ni los clientes que definen la industria global del diseño. Tiene cerros, puerto, viento, y una escena creativa que lleva décadas produciendo trabajo que viaja más lejos de lo que cualquier mapa sugeriría.
Sebastián trabaja desde ahí. Diseñador gráfico y especialista en motion graphics, construyó su carrera pasando por estudios chilenos antes de consolidarse como freelance. Hoy trabaja solo, con clientes de todo el mundo, con la música siempre cerca como fuente de inspiración y como industria que lo ha llevado a algunos de sus proyectos más importantes.
El más importante llegó un viernes, sin previo aviso, desde Nueva York.
1st Ave NY lo contactó para una reunión. Rápida, directa. El domingo siguiente ya estaban en otra sesión bajando la idea con el director del proyecto. El encargo era claro en sus reglas pero abierto en su exploración: había que conectar lo análogo de una máquina de escribir con la creación de un código QR funcional. Texturas físicas, tipografía de época, algo que se sintiera impreso sin serlo.
Lo que no estaba en el brief era el nombre del cliente.
Eso llegaría después, con los días, cuando el proyecto ya estaba en marcha y la dirección tomada. El álbum era The Tortured Poets Department. El artista era Taylor Swift.
La pregunta técnica era más difícil de lo que parecía: ¿cómo haces que un código QR funcione escaneado desde un auto en movimiento, desde la vereda, a distancia, en una gigantografía, en distintas ciudades del mundo, y que al mismo tiempo se vea como si alguien lo hubiera escrito letra por letra en una máquina de escribir?
Sebastián trabajó junto a Michele Angelo, quien se encargó de la parte análoga: capturar texto real con máquinas de escribir, escanear papeles, construir texturas físicas que después pudieran integrarse digitalmente. En Photoshop desarrollaron un sistema modular de letras agrupadas, bloques que podían combinarse con fluidez para construir los 13 QR del proyecto de forma simultánea con el resto del equipo.
El patrón final repetía las letras TTPD en desorden. Desordenado como texto escrito a máquina. Coherente con el arte del disco. Coherente con todo.

En el medio del proceso apareció el momento que Sebastián cuenta con la naturalidad de alguien que ha aprendido a trabajar bajo presión sin perder el humor. Entre todas las letras que componían el sistema modular, había una M. No era parte del diseño. Nadie la había visto.
La vieron cuando el afiche ya estaba impreso en formato gigantografía. El cliente mandó una foto con una sola pregunta: ¿qué hace esa M ahí?
"Fue como una bomba", recuerda. Todo el equipo se puso a borrar las M que habían quedado fuera de lugar. Lo resolvieron rápido. El equipo de Taylor Swift aprobó la propuesta.
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Una semana después de la entrega, el estudio confirmó que todo estaba bien. Las piezas fueron montadas en distintos soportes y ciudades como parte de la estrategia de lanzamiento de la gira. Sebastián vio el trabajo del equipo en medios internacionales, comentado en redes, escaneado por fans en distintos países que no sabían que detrás de ese código había un diseñador en Valparaíso.
"Agradecido de cada oportunidad", escribe al final. Sin énfasis. Con la misma actitud con la que enfrenta cada encargo.
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La historia de Sebastián no es una excepción. Es una señal. El talento creativo latinoamericano lleva años trabajando a este nivel, resolviendo problemas complejos, colaborando con equipos globales, entregando bajo presión y con criterio. Lo que cambia es que cada vez más estudios internacionales lo saben.
Desde Valparaíso al mundo. Siempre fue posible.
Puedes ver el trabajo de Sebastián y contactarlo directamente en su perfil de Findie.